El patio de la cantina se concibe como una extensión del bar donde distintos usos se integran en un único paisaje continuo.

La intervención organiza el espacio en áreas de estancia, zonas de huerto y ámbitos de permanencia más informales, que se disponen de manera abierta para favorecer una experiencia flexible y cambiante.

Un elemento lineal de color rojo recorre el conjunto como gesto unificador, adaptándose a las distintas situaciones: se pliega para generar asientos, se eleva o desciende para definir recorridos y se transforma puntualmente en soporte o fuente.

Este sistema dinámico articula el espacio y refuerza la conexión con el interior, construyendo una identidad coherente y contemporánea.