El workshop en Keerdock se concibe como un lugar zen, una intervención ligera que conecta dos láminas de agua mediante una relación física y sensorial.

La propuesta se materializa en una plataforma que une ambos lados del lago, generando un espacio de paso y estancia donde el usuario puede detenerse y contemplar el paisaje con calma.

Parte del recorrido desciende hacia el nivel del agua y se complementa con una pasarela roja perpendicular que permite caminar casi sobre el lago, reforzando la conexión con el entorno y transformando el recorrido en una experiencia serena y contemplativa.